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Actualizado: Martes, 12 de enero de 2016

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La glicina, el aminoácido más simple desde el punto de vista químico revoluciona y hace necesaria la revisión del concepto de esencialidad. La glicina, un aminoácido cuya esencialidad en procesos concretos como el desarrollo embrionario y fetal había sido ya señalada por algunos autores (Lewis y col. 2005) ha revelado ser un aminoácido fundamental para el correcto funcionamiento y mantenimiento del sistema de soporte mecánico, limitando la degeneración del sistema osteomioarticular (soma) y con ello de un gran grupo de patologías de este sistema, que afectan a un volumen poblacional alto como sucede con la Artrosis.

La glicina, el aminoácido proteico más simple de todos, ha revelado ser un aminoácido condicionalmente esencial. A diferencia de los clásicos ocho aminoácidos esenciales (Leu, Ile, Val, Lys, Trp, Phe, Met, Thr) cuya esencialidad se basa en la incapacidad de síntesis del metabolismo humano, la glicina sí somos capaces de sintetizarla. La novedad, está imbricada en que las características específicas de su biosíntesis hacen que el metabolismo de muchos organismos, y en particular el metabolismo humano, sufra una carencia tal que sea incapaz de cubrir las demandas orgánicas, especialmente la demanda estructural.

 

El colágeno, que es la principal proteína del tejido conectivo y de sus diferentes variantes, y que constituye aproximadamente un 25% del total de las proteínas corporales. Es la proteína más abundante del cuerpo humano: la piel tiene un 74 % de colágeno, el cartílago un 50 %, el hueso un 23 %, y la córnea un 64%. Todos los órganos, además, se sustentan también con tejido conectivo, por lo que el contenido de colágeno es más o menos elevado: pulmón 10% y el hígado 4%. El análisis de la composición del colágeno revela que el 33% de los residuos de aminoácidos son glicina. Esto da una idea del grado de demanda de este aminoácido por el organismo en los procesos de recambio proteico, especialmente del turnover de colágeno.

 

La glicina está implicada, además, en otros procesos metabólicos como la síntesis de creatina, reserva energética en el músculo esquelético; la síntesis de hemoglobina, proteína transportadora del O2 y CO2 en sangre; en el metabolismo de la bases púricas; en la síntesis de citocromos de la cadena respiratoria y el P450, de extremado valor a la hora de modular la respuesta ante un fármaco; participa en el metabolismo de los esteroides y de los ácidos grasos. Hay también otros efectos sobre el glutation, con una consecuente acción antioxidante, sobre el glutamato y metabolismo del amonio, así como sobre la síntesis de elastina. La síntesis de glicina constituye además la vía principal de suministro de unidades C1 en el metabolismo. Su acción en el sistema nervioso central como neurotransmisor inhibidor está ampliamente documentada (Davidson y Southwick 1971; Yarbourg y col 1974). No obstante, la glicina que actúa como neurotransmisor no es la glicina proveniente de la dieta ya que ésta no atraviesa la barrera hematoencefálica, sino que es la que se sintetiza de novo. 

 

 

 

Diferentes autores han señalado la importancia del aminoácido glicina en procesos fisiológicos como el desarrollo embrionario y fetal (Lewis y col. 2005). También se ha visto la relevancia como inmunomodulador en estados patológicos como la respuesta inflamatoria en la artritis reumatoide (Bradford y col. 2001). Su papel como protector celular frente a determinadas agresiones se ha observado a nivel intestinal (Kong y col. 1998) y hepático (Lee y col. 2002). En este sentido, se ha observado un efecto positivo sobre el proceso de regeneración tras hepatectomía parcial o trasplante durante los cuales el tejido es sometido a un proceso de isquemia y reperfusión que afecta la viabilidad celular e influye notablemente sobre dicho proceso (Koji y col. 2008). El efecto protector antioxidante y antiinflamatorio de la glicina parece ejercerse según numerosos estudios (Deters y col. 1997; Stachlewitz y col. 1999; Mauriz y col. 2001). Los mecanismos por los cuales ejerce estos efectos ocurren a diferentes niveles: bloqueando la producción de radicales libres y citoquinas proinflamatorias; y en último término la producción de NO (óxido nítrico) inducible y no constitutivo, sustancia producida por las células del endotelio vascular entre otras y que en elevadas concentraciones puede inducir daño celular y disfunción orgánica (Matilla y col. 2002)

Se han observado igualmente efectos protectores de la glicina frente a la acción carcinogénica de determinados agentes (Rose y col. 1999) además de efectos inhibidores de la angiogénesis durante los procesos de cicatrización y crecimiento tumoral (Amin y col. 2003), lo cual hace a la glicina un buen candidato como agente de soporte en pacientes con cáncer o sometidos a la acción de agentes nocivos con efecto carcinogénico.

Además, la elevación de los niveles sanguíneos de glicina con una simple administración a través de la dieta, ha demostrado mejorar entre otros la situación en daño hepático por alcoholismo (Yin y col. 1998), la nefrotoxicidad debida a ciertos medicamentos como la ciclosporina A en paciente sometidos a trasplante (Thurman y col. 1997), y algunas formas de cáncer como el melanoma (Rose y col. 1999).

El mecanismo de acción de la glicina, por el cual ejerce su acción protectora, parece basarse en su unión a un receptor presente en la membrana de las células del sistema inmune (sistema mononuclear-fagocítico). La unión de la glicina al receptor, al igual que ocurre en las neuronas del SNC, provoca una hiperpolarización de la membrana plasmática que bloquea la acción de otras señales responsables de múltiples respuestas celulares como la producción de citoquinas (Matilla y col. 2002), lo cual parece explicar el pleiotropismo funcional de este pequeño aminoácido.

La esencialidad de la glicina ya había sido sugerida por algunos autores como Yu y col. (1999) quien mostró en humanos adultos sanos la incapacidad metabólica para sintetizar la cantidad necesaria de glicina para cubrir las demandas del organismo. El hecho de que se comience a establecer una pauta de suplementación de glicina y sus cofactores se basa en que la cantidad de glicina que sintetizamos resulta ser inferior a la que demanda del organismo, y que una ingesta diaria podría prevenir la aparición de estados degenerativos en las estructuras de soporte mecánico del organismo, y favorecer los procesos de regeneración en organismo afectados por este tipo de lesiones.

 

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