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Actualizado: Martes, 12 de enero de 2016

Novedades

28.05.2013

Glosario sobre Omega-3 Los ácidos grasos Los ácidos grasos (la unidad básica de los lípidos) están constituidos por una cadena de carbono (átomos de carbono unidos entre ellos en el que se ad

23.05.2013

Omega-3 y la vista: el papel del DHA en el desarrollo normal de la función de la vista. El ácido graso omega-3 ácido docosahexaenoico (DHA) es un componente importante de las membranas celulares d

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Los síntomas de la depresión: ¿Pueden ayudar los Omega-3?

 

El conjunto de datos recogidos durante muchos años de experimentación han llevado a la hipótesis que un consumo irregular de omega-3 y un metabolismo alterado de los ácidos grasos esenciales (Omega-3 y Omega-6) pueden contribuir al desarrollo de las principales formas de depresión conocidas.

No sólo eso, varios estudios sugieren que los Omega-3 pueden ser útiles en el tratamiento de los síntomas de la depresión.

Las primeras evidencias de la existencia de un vínculo entre el papel de estos ácidos grasos en el cuerpo humano y este grupo de enfermedades se remonta a los últimos años noventa, cuando una serie de investigaciones demostraron la existencia de una estrecha correlación entre la depresión y bajos niveles de Omega-3.

De hecho, en aquellas personas que sufren de depresión las reservas de estos ácidos grasos son menos abundantes de lo normal.

En particular, un estudio realizado en el Hospital Base, Rockhampton (Australia), publicado en la revista Lipids, mostró que cuanto más estas reservas son escasas, más graves son los síntomas de la depresión.


Según un estudio publicado en 1998 por la revista Biological Psychiatry, una alteración en la relación de los ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 y una menor cantidad de Omega-3 en el plasma sanguíneo se asocian con formas graves de depresión.

En los años siguientes, un nuevo estudio demostró que en la vejez la composición de los ácidos grasos que forman los fosfolípidos en sangre está estrechamente relacionada con los trastornos del estado de ánimo y la depresión potencial.


Comer bien para sentirse mejor


Otros estudios apoyaron con sus datos que el ánimo mejora en aquellas personas que tienen una dieta rica en Omega-3.

Ya en 1998, el Journal of Nutrition publicó los resultados obtenidos por investigadores del Laboratorio de Biophysique Medicale et Pharmaceutique de Tours (Francia), quienes encontraron que, en ratas, el Omega-3 tomado en forma de aceite de pescado favorece la actividad de la dopamina, molécula que regula el estado de ánimo.

En el mismo año, los expertos de la Universidad de Sheffield (Reino Unido) demostraron que una dieta rica en estos ácidos grasos se asocia con una menor tendencia a mostrar síntomas de depresión.

Por último, amplios estudios realizados en Finlandia y en los Países Bajos han confirmado que cuanto más rica sea la dieta en Omega-3, menor propensión de sufrir de depresión.


Omega-3 para tratamiento de la depresión

Los primeros en demostrar la eficacia de Omega-3 en la mejora del equilibrio emocional fueron los investigadores de la Escuela Médica de Harvard en Boston (Estados Unidos).

Aquí Andrew Stoll y sus colegas estaban buscando un método para el tratamiento del trastorno bipolar, llamado también enfermedad maníaco-depresiva, un trastorno particular en el que ataques severos de depresión se alternan con períodos de intensa euforia.

El fármaco de elección para el tratamiento de este trastorno es el litio. Sin embargo, este medicamento tiene efectos secundarios tóxicos y graves.

Buscando una alternativa menos dañina, Stoll decidió poner a prueba la eficacia de los Omega-3 EPA y DHA contenidos en el aceite de pescado. Administró a un grupo de pacientes 9 gramos por día de EPA y DHA, respectivamente, en la proporción de 1 a 1,5. Como control, otro grupo de pacientes recibió aceite de oliva, que no contiene Omega-3.

Después de sólo 4 meses de tratamiento, el estudio fue suspendido: los beneficios mostrados por los pacientes que estaban tomando EPA y DHA eran tan altos que fué considerado inaceptable, desde el punto de vista de la ética, seguir administrado al grupo de control sólo aceite de oliva.

De hecho, en los pacientes que fueron tratados con aceite de pescado los síntomas de la enfermedad tendieron a estabilizarse, mientras que en los otros casos se obtuvo un claro empeoramiento de las condiciones clínicas. Sólo en un caso, después de la ingesta de Omega-3, hubo recaída.

Los resultados obtenidos a partir de los investigadores de la Universidad de Harvard han sido confirmados por estudios posteriores.

En particular, los científicos de la Universidad Ben Gurion del Negev Beer-Sheva (Israel) compararon la eficacia del tratamiento de la depresión con un extracto purificado de aceite de pescado, consistente en EPA puro, con una dosis equivalente de aceite de oliva.

Antes de empezar con el tratamiento, los pacientes que participaron en este estudio, mostraron signos de recaída a pesar de ser tratados con antidepresivos. En menos de 3 semanas, más de la mitad de los pacientes tratados con aceite de pescado, mostró una reducción en los síntomas de, al menos, el 50%.

Poco después los investigadores del Hospital de Swallownest Corte en Sheffield (Reino Unido) llegaron a las mismas conclusiones.

Los resultados del estudio, que fueron publicados en la revista Archives of General Psychiatry, llevaron a concluir que los Omega-3 pueden mejorar una serie de síntomas característicos de la depresión:

    Infelicidad
    Falta de energía
    Ansiedad
    Insomnio
    Disminución de la libido
   Tendencias suicidas

Por último, la eficacia de los Omega-3 también se ha reafirmado para el tratamiento de los trastornos de la esfera psicológica típicos de algunas mujeres que, a causa de cambios de estado de ánimo y a emociones a menudo incontrolables, tenían problemas en las relaciones personales.


Los expertos del Hospital McLean en Belmont (Estados Unidos) demostraron que 8 semanas de tratamiento con suplementos de alimentos ricos en Omega-3 EPA fueron suficientes para que el estado de ánimo de estas pacientes fuera más estable y más positivo.

No sólo, además el tratamiento conseguía reducir la agresividad de las mujeres que tomaban omega-3.


Una ayuda para el estado de ánimo de las madres y de los niños

Algunos estudios, sin embargo, se centraron en los beneficios de los Omega-3 en el tratamiento de estados depresivos que pueden acompañar o seguir el embarazo.

Durante l'attesa le future madri trasferiscono selettivamente il DHA al feto per garantire un corretto sviluppo del sistema nervoso.

Durante el embarazo las madres transfieren de forma selectiva el DHA al feto para garantizar un correcto desarrollo del sistema nervioso. Esto significa que, en ausencia de un consumo adecuado de ácidos grasos Omega-3, las nuevas madres se encuentran en alto riesgo de sufrir síntomas depresivos en el puerperio.

Con esto en mente, los investigadores del Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo en Rockville (Estados Unidos) demostraron que un menor contenido de DHA y un menor consumo de pescados y mariscos son predictivos del riesgo de depresión postparto.

Estos resultados fueron confirmados por científicos holandeses del Centro Médico de la Universidad de Rotterdam, que demostraron que en las mujeres que sufren de trastornos depresivos posparto la disponibilidad de DHA es reducida.

Los beneficios no sólo afectan a la madre, sino también a los niños. Un estudio de la Universidade Federal do Paraná en Curitiba (Brasil), mostró que un primer efecto antidepresivo se puede lograr mediante el consumo regular de pescado y aceite de pescado de la madre durante el embarazo y la lactancia.

Al ingerir Omega-3 se aumentan las concentraciones de EPA y DHA en dos áreas específicas del cerebro, la corteza y el hipocampo, con lo cual se disminuye en la descendencia la probabilidad de sufrir de depresión.


Beneficios de todo el estado de ánimo

El conjunto de datos recopilados en los años muestra que los ácidos grasos Omega-3 pueden ser eficaces en la prevención, control y tratamiento de diversos trastornos psiquiátricos.

Estos pueden ir desde simples cambios en el estado de ánimo de la depresión posparto, a estados de agresividad inducidos por el estrés, a daños neurológicos y cambios visuales causados ​​por el alcohol, hasta llegar a enfermedades graves como la esquizofrenia y la demencia.

Para reducir la ansiedad con Omega-3: es suficiente con sólo 2,5 gramos por día

Una dosis diaria de 2,5 gramos de ácidos grasos Omega-3 reduce en un 20% los síntomas de la ansiedad. Lo demuestra un estudio de Janice Kiecolt-Glaser y sus colegas de la Universidad Estatal de Ohio, publicado en la revista Brain, Behavior, and Immunity.

Los datos recogidos en el curso de esta investigación han confirmado el potencial de los ácidos docosahexaenoico (DHA) y eicoesapentaenoico (EPA) en la lucha contra esta enfermedad.

No sólo eso, los resultados también demostraron los efectos anti-inflamatorios delos Omega-3.

Ansiedad a inflamación: la doble acción de ácidos grasos Omega-3

Esta nueva investigación participaron 68 alumnos de la facultad de medicina.

El análisis consistió en la evaluación de los niveles de las moléculas que desencadenan la inflamación (citoquinas) y los síntomas de ansiedad y depresión tanto en época de exámenes, que se caracterizan por una alta tensión psicológica, cómo en períodos de bajo nivel de estrés .

Los participantes del estudio fueron divididos en 2 grupos:

    a una parte de ellos se administraron cápsulas con un placebo, que corresponde a la misma proporción de ácidos grasos que caracteriza a la dieta típica de un residente de los Estados Unidos;

    el segundo grupo, en cambio, recibió 2.085 gramos de EPA y 348 miligramos de DHA por día durante un período de 12 semanas.

Los análisis de sangre llevadas a cabo por los investigadores encontraron que la ingesta de Omega-3 causa una reducción de 14% de la producción de interleukina 6 (IL-6), que es inducida por estímulos pro inflamatorios. Además, los ácidos grasos Omega-3 también redujeron en un 20% los síntomas de ansiedad.

La validez de estos resultados se confirmó por una serie de estudios posteriores. De hecho, los investigadores también determinaron la relación entre las concentraciones plasmáticas de ácidos grasos Omega-6, que normalmente promueven los fenómenos inflamatorios, y los de Omega-3.

Se encontró que una disminución de esta relación, y por lo tanto, el aumento en ácidos grasos Omega-3 frente a los Omega-6, está asociada con niveles más bajos de ansiedad.

Esta reducción corresponde también la inhibición de la producción de IL-6 y TNF-α (factor de necrosis tumoral-alfa, otro marcador de la inflamación).


El enlace entre la ansiedad y la inflamación

El estudio realizado por Kiecolt-Glaser y sus colegas confirma definitivamente los beneficios de los ácidos grasos Omega-3 para el cerebro. De hecho, numerosos datos recogidos en el pasado habían puesto en relavancia la posible función de estas moléculas en la regulación del estado de ánimo y el comportamiento.

En particular, los bajos niveles de Omega-3 se han asociado con la inflamación y la depresión.

Los 2 fenómenos, dicen los autores del estudio, podrían estar relacionados entre sí.

De hecho, las citoquinas, moléculas implicadas en el desarrollo de los procesos inflamatorios, inducen la síntesis de una hormona que actúa sobre las regiones cerebrales responsables de miedo y ansiedad. Al día de hoy este estudio ya ofrece datos definitivos, obtenidos a través de ensayos clínicos controlados.


Los ácidos grasos para prevenir y para tratar

Los investigadores dicen que estos hallazgos sugieren que la ingesta de EPA y DHA puede reducir la ansiedad y la inflamación en adultos jóvenes sanos.

Por primera vez se han presentado pruebas en apoyo de los beneficios potenciales de la utilización de Omega-3 para contrarrestar los disturbios de origen ansioso en personas en las que aún no se hayan diagnosticados problemas de esta naturaleza.

 Los resultados de un estudio de 1998 sugieren que los ácidos grasos omega-3 favorecen la transmisión de los neurotranmisores asociados al equilibrio emocional (como la serotonina) y a las emociones positivas (como la dopamina) (1).
Varios estudios científicos sugieren la existencia de una importante relación entre la depresión y bajos niveles de ácidos grasos omega-3 en el organismo. Por ejemplo Maes et Al. concluyen que los pacientes deprimidos tienen reservas de omega-3 menos abundantes comparados con pacienten normales(2,3,4). En otro estudio, el mismo autor demuestra que a menor cantidad de reservas de omega-3 en el organismo de los pacientes se agravan los síntomas de la depresión (5).

Otro estudio ha demostrado que una alimentación rica en omega-3 está asociada con una menor tendencia a la depresión (6). Amplios estudios conducidos en poblaciones de Finlandia y Paises Bajos tienden a confirmar que cuando la alimentación es más rica en omega-3 se tiende a sufrir menos de síntomas depresivos (7,8).
En la Harvard Medical School, Andrew Stoll y sus compañeros fueron los primeros en demostrar que se podía mejorar el equilibrio emocional con una complementación basada en ácidos grasos omega-3 EPA y DHA. Los investigadores estaban estudiando la forma de controlar una de las formas más grave de depresión, llamada síndrome bipolar o síndrome maniaco depresivo. Los pacientes afectados por esta enfermedad sufren de crisis depresivas muy frecuentes y muy graves alternadas por graves ataques maniácos agudos. El medicamento que se suele usar con más frecuencia es el litio pero este tiene efectos secundarios de toxicidad que pueden llegar a revestir cierta gravedad. En la busqueda de una alternativa menos nociva el Dr. Stoll empezó a estudiar los omega-3 EPA y DHA contenidos en el pescado. En el experimento de Stoll un grupo de pacientes fue tratado con 9 gramos de omega-3 de cadena larga (DHA y EPA en ratio 1:1,5). Otro grupo de pacientes, el grupo control, recibió solo un placebo a basede aceite de oliva (que, aunque tenga propiedades antioxidantes, no contiene omega-3). La prueba tenía que durar nueve meses, pero los investigadores lo pararon a los 4 meses porque las diferencias entre el grupo que tomaba aceite de pescado y el control eran tan amplias que se decidió interrumpirlo por razones éticas hacia los pacientes que solo tomaban placebo. Hay que tener en cuenta que en el grupo de pacientes que tomaban omega-3 solo uno tuvo una recaida durante este periodo de tiempo. Aunque el estudio tuvo una corta duración, se demostró con claridad que en los pacientes que tomaban aceite de pescado los síntomas de la enfermedad se estabilizaban mientras que en aquellos del grupo de control empeoraban de forma importante (9,10).

En otro estudio en Israel, otro investigador, el doctor Nemets y sus colaboradores compararon la eficacia de un extracto purificado de aceite de pescado (EPA puro) a la dosis equivalente de aceite de oliva. En estos casos los pacientes sufrían de depresión sin crisis maníacas y, a pesar de un tratameinto con antidepresivos, mostraban signos de recaida. Los resultados remostraron que, en menos de 3 semanas, los síntomas depresivos de más de la mitad de los pacientes tratados con omega-3 mejoraban de forma importante (reducción de un 50% o más de los síntomas) (11).

 

Bibliografía:

1. Chalon et al. (1998) J Nutr 128: .
2. Maes et al. (1996) Journal of Affective Disorders 38: 35-46
3. Maes et al. (1998) Biological Psychiatry 43: 313-314.
4. Peet et al. (1998) Biological Psychiatry 43(5): 315-319.
5. Adams et al. (1996) Lipids 31: S-157-161.
6. Edwards et al. (1998) Journal of Affective Disorders 48(2-3): 149-155.
7. Tanskanen et al. (2001) Psychiatric Services 52 (4): 529-31.
8. Tiemeier et al. (2003) American Journal of Clinical Nutrition 78 : 40-46.
9. Stoll et al. (1999) Archives of General Psychiatry 56 : 407-412.
10. MP Freeman (2000). Omega-3 fatty acids in psychiatry: a review. Ann Clin Psychiatry ;12(3):159-165
11. Nemets et al. (2002) American Journal of Psychiatry

 Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (omega-3 y omega-6) obtenidos de la alimentación, son indispensables para mantener la estructura y el funcinalidad de las células nerviosas.

Los tejidos nerviosos son muy ricos en ácidos grasos (de hecho son los que más grasa contienen después de los tejidos adiposos). Más del 60% del peso del cerebro está constituido por ácidos grasos y la mayor parte de los ácidos grasos omega-3 de cadena larga del cuerpo se encuentra en el cerebro. El cerebro contiene muy poco EPA, el ácido graso más frecuente en este órgano es el DHA.
Los tejidos que contienen la cantidad más alta de DHA son los de la retina del ojo, de los testículos, de las sinápsis nerviosas y de las mitocondrias. El DHA desempeña un rol central para el funcionamiento de algunas membranas, como las sinápsis (conexiones entre dos células nerviosas que se encargan de transmitir el impulso nervioso de forma unidireccional), la retina (para recibir las sensaciones visivas) y las mitocondrias (para producir APT). El ATP es una sustancia química energética producida por las mitocondrias, incluidas las del cerebro.

Los ácidos grasos esenciales omega-3 influyen directamente en la producción y liberación de algunos neurotransmisores como la serotonina y la dopamina. Los neurotransmisores son las sustancias químicas que regulan el flujo de las informaciones transmitidas entre las células nerviosas en el momento en el cual atraviesan la sinápsis. En ausencia de la cantidad adecuada de neurotransmisores la transferencia de información disminue vertiginosamente.

Dos de los neurotransmisores más importantes son la serotonina y la dopamina. Cuando los niveles de serotonina son bajos es posible que se desarrollen estados depresivos o comportamientos violentos; cuando disminuye la dopamina es más fácil padecer Parkinson o síndromes de déficit de atención (dificultad para concentrarse en tareas inmediatas). Parece comprobado que dosis elevadas de aceite de pescado puedan mantener niveles adecuados de ambos neurotransmisores. Además, estudios en vitro, han descubierto que, para que las células cultivadas puedan diferenciarse, multiplicarse, captar y librar neurotransmisores, el medio de cultivo tiene que tener ácidos grasos de cadena larga.

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