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Actualizado: Martes, 12 de enero de 2016

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28.05.2013

Glosario sobre Omega-3 Los ácidos grasos Los ácidos grasos (la unidad básica de los lípidos) están constituidos por una cadena de carbono (átomos de carbono unidos entre ellos en el que se ad

23.05.2013

Omega-3 y la vista: el papel del DHA en el desarrollo normal de la función de la vista. El ácido graso omega-3 ácido docosahexaenoico (DHA) es un componente importante de las membranas celulares d

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Omega-3 para el sistema inmune

Los ácidos grasos Omega-3 son poderosos aliados del sistema inmunitario. Varias investigaciones han demostrado su capacidad para modular la respuesta inmune inflamatoria.

Los primeros datos sobre este tema se remontan a 1932, cuando se observó que algunas condiciones inflamatorias podían ser contrarrestadas mediante tratamiento con los ácidos grasos Omega-3, ácido eicoesapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA).

¿Por qué inmunidad e inflamación están relacionadas?

Los procesos inflamatorios representan un mecanismo de defensa genérica y no específica que ayuda al cuerpo a luchar contra cualquier agresión, ya sea traumática, química o microbiana.


Sus principales síntomas son descritos ya en el siglo I dC en “De Artibus” de Aulo Cornelio Celso, son 4:

  • rubor (enrojecimiento);
  • calor (aumento de la temperatura de la zona inflamada);
  • tumor (hinchazón);
  • dolor (dolor).

A éstos se añaden sucesivamente un quinto síntoma: la funcio laesa (pérdida de la función).

La inmunidad específica es, en cambio, un sistema de defensa más sofisticado, dividido en dos mecanismos:

  • humoral o anticuerpo, sobre la base de la producción de anticuerpos;
  • la inmunidad mediada por células que pertenecen a sistema de defensa del cuerpo.

Tanto la inflamación cómo la inmunidad específica, se pueden promover por varios factores. El estímulo desencadenante provoca la producción de moléculas que indican la presencia de inflamación del cuerpo: interleukinas y eicosanoides.

Y es aquí donde entran en juego los ácidos grasos. El equilibrio entre Omega-3 y Omega-6 (otro tipo de grasa) rige la producción de varias moléculas inflamatorias. En particular, los Omega-3 inhiben la producción de eicosanoides y juegan un rol anti-inflamatorio, los Omega-6, por el contrario, promueven la inflamación.


El papel de los Omega-3

Años de estudios han aclarado el mecanismo por el cual ácidos grasos Omega-3 pueden modular la respuesta inmune y la inflamación.

Su efecto depende de diversos factores, tales como el tipo y la cantidad de ácidos grasos introducidos, de la potencia y de la duración de la ingesta de suplementos y complementos alimenticios.


Los resultados de los primeros ensayos, que se han confirmado por estudios clínicos, han demostrado la eficacia de los suplementos de aceite de pescado, ricos en Omega-3, para modular la actividad de las moléculas proinflamatorias y los factores que intervienen en la respuesta inmune.


Omega-3 y las enfermedades reumáticas

Una aplicación interesante de ácidos grasos Omega-3 se refiere a las enfermedades reumáticas provocadas por fenómenos autoinmunes.

Las enfermedades autoinmunes se llaman así porque su base hay una respuesta anormal del sistema inmune que ataca a su propio cuerpo.

Entre las enfermedades reumáticas inflamatorias crónicas y enfermedades autoinmunes se incluyen las siguientes:

  • artritis reumatoide
  • artritis psoriásica
  • espondilitis anquilosante
  • lupus eritematoso sistémico
  • esclerodermia
  • otras enfermedades raras

Todas estas enfermedades tienen en común un estado de inflamación crónica.

En general el 1% de la población sufre estas enfermedades y las mujeres se ven afectadas 3 veces con más frecuencia que los hombres.

Aunque en la mayoría de los casos se desconoce la causa, parece que las personas con estos trastornos tienen una predisposición genética para su desarrollo. Esto significa que su sistema inmunológico, estimulado por varios factores, por ejemplo, por microorganismos, desencadena una respuesta inflamatoria anormal que es la base de estas enfrermedades.

Dado que los glóbulos blancos (es decir, las células del sistema inmunológico) y los anticuerpos circulan en la sangre, la inflamación tiene lugar en todo el cuerpo.


Los beneficios de los Omega-3 para el sistema inmunológico han sido resumidos por Artemis Simopoulos, presidente del Centro de Genética, Nutrición y Salud en Washington (EE.UU.), en un artículo publicado en 2002 en el Journal of the American College of Nutrition.


Una de las primeras pistas en este sentido fue el bajo porcentaje de enfermedades autoinmunes e inflamatorias en las poblaciones de esquimales que viven en Groenlandia, cuya dieta es rica en pescado que contiene una cantidad importante de Omega-3.

Examinando una vez más la teoría según la cual el efecto beneficioso del aceite de pescado sería debido a la capacidad de los ácidos grasos Omega-3 para modular la actividad de las moléculas con

actividades proinflamatorias, Simopoulos, llegó a la conclusión de que el tratamiento de las enfermedades autoinmunes con el aceite de pescado disminuye su gravedad. Al mismo tiempo, los Omega-3 reducen la necesidad de utilizar fármacos anti-inflamatorios.

Simopoulus ha analizado en sus estudios, las siguientes enfermedades:

  •    aterosclerosis
  •    obesidad
  •    depresión
  •    artritis reumatoide
  •    enfermedades inflamatorias intestinales
  •    asma
  •    psoriasis


Posteriormente, Trevor Mori y Lawrie Beilin resumen en las páginas de Current Atherosclerosis Report los efectos beneficiosos de EPA y DHA contra la inflamación, además describen los datos clínicos y experimentales disponibles en la literatura científica.


En particular, los dos expertos hicieron hincapié en que el aceite de pescado introducido con la alimentación reduce la formación de algunas moléculas proinflamatorias, llegando a la conclusión de que estos Omega-3 podrían ser realmente eficaces en el tratamiento de enfermedades inflamatorias y enfermedades autoinmunes.

No sólo eso, Mori y Beilin aclararon en que el EPA y el DHA son también eficaces en la mejora de las funciones de la pared de los vasos sanguíneos. La ingesta de Omega-3 reduce algunos marcadores inflamatorios, lo que indica una reducción de la inflamación, que podría explicar el efecto preventivo de estos ácidos grasos en relación a la enfermedad cardiovascular.

Algunos ejemplos de la eficacia de los Omega-3

Varios estudios han demostrado la eficacia del tratamiento de la inflamación con Omega-3.

Las primeras pistas provienen de estudios realizados en modelos animales, muchos de los cuales sugieren que una moderada restricción alimentaria y la reducción del número de calorías introducidas, prolonga la esperanza de vida media, además de retrasar la aparición de las disfunciones inmunes asociadas con el envejecimiento.

En particular, la vida media depende de la cantidad y el tipo de ácidos grasos introducido con la comida.

Resultados de este tipo pueden tener importantes implicaciones en el tratamiento de la obesidad, la diabetes, el cáncer y el envejecimiento.

Pero,ya en 2003, empezaron estudios en humanos. En particular, un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition demostró que, en individuos sanos, el consumo de aceite de pescado durante 4 semanas consecutivas, disminuye la producción de moléculas proinflamatorias, así como la proliferación de un tipo particular de células blancas de la sangre, los linfocitos. La misma investigación llegó a conclusiones similares también la administración de una mezcla de EPA y DHA.

No sólo eso, los autores del estudio demostraron también que es necesario tomar antioxidantes para obtener estos resultados. De hecho, el uso concomitante de estas otras moléculas no afecta a los beneficios inmunológicos y anti-inflamatoria que se obtienen tomando ácidos grasos omega-3.

En cuanto a algunas enfermedades inlfamatorias, la ingesta concomitante de aceite de pescado y antiinflamatorios, reduce los marcadores de inflamación. Cómo es el caso de la enfermedad de Crohn.

Con el paso del tiempo, los estudios clínicos se han multiplicado con el fin de determinar con certeza los mecanismos antiinflamatorios promovidos al tomar Omega-3. Las investigaciónes llevadas a cabo hasta la fecha han demostrado que la ingesta de estos ácidos grasos no tiene efectos secundarios importantes.

Omega-3, resolvinas y la inflamación

Un estudio publicado en 2005 por el Journal of Experimental Medicine ha identificado en los seres humanos cierta clase de lípidos con funciones de anti-inflamatorios derivados precisamente de un ácido graso que contiene el aceite de pescado.

Los autores de la investigación han demostrado que, una vez en las células, los ácidos grasos Omega-3 son convertidos por una enzima en moléculas llamadas resolvinas. Estos factores, que también se activan de tomar aspirina, son capaces de reducir los procesos inflamatorios en los conejillos de indias.

La ingesta de Omega-3 y aspirina también promueve la acumulación de resolvinas en el plasma humano. No sólo eso, en los seres humanos la resolvina E1 inhibe la migración de las células inflamatorias hacia puntos inflamados y su capacidad para activar otras células implicadas en la respuesta inflamatoria.

Estudios posteriores han revelado que tanto las resolvinas cómo algunos derivados del DHA (los docosatrienos) tienen efectos anti-inflamatorios e inmunorreguladores muy potentes. Por esta razón, los expertos han hecho hincapié en su importante potencial terapéutico.

Finalmente, un estudio realizado en 2006 demostró que el EPA tiene un efecto dependiente de la dosis: con el aumento de la edad también aumenta la capacidad de incorporar el EPA en el contenido de los lípidos del plasma sanguíneo y en algunas células implicadas en la inmunidad. Esto aumenta la sensibilidad del sistema inmune a los beneficios de estos Omega-3.

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